martes, 13 de agosto de 2019

DÍA DE RESACA

Así se llama en mi pueblo al día después de la fiesta de la Sangría. La Fiesta que tan popular está haciendo y que nuestro paisano José Manuel Brazo, describe cada año en sus artículos publicados por periódicos de Sevilla y Huelva.
Y como es natural, me han venido a la memoria (la mía), los años de mi juventud, para confirmarme que "los tiempos cambian, que es un barbaridad". Ya lo aseguró Don Hilarión en la "Verbena de la Paloma", a la que nunca he tenido ocasión de asistir, pero que estoy seguro de que también ha cambiado.
En los años 40 y 50 (del siglo XX) eran solo dos días, el sábado y el último domingo de Agosto. El sábado, Diana, encierro, corrida, traslado del Santo a la Iglesia Parroquial y música en la Plaza. El domingo, Función Principal en honor del Santo, traslado a su Ermita, preparación de la sangría, la cucaña, elevación de globos y fantoches, degustación de la sangría servida desde el lebrillo, la Procesión del Santo, la Música de la Banda dirigida por el Maestro Librado, la función de fuegos artificiales y a la una ya no quedaba nadie. El lunes había que trabajar. 
Solo quedábamos los que no trabajábamos, que antes que los bares cerraran, comprábamos una o dos botellas de Martes Santo y con Aquilino y su acordeón, nos recorríamos el pueblo cantando serenatas a las amigas. A las siete de la mañana terminábamos en Casa Carmona tomando café para despedir a lo veraneantes que a las ocho cogían el autobús de Casal para volver a Sevilla.
Todo lo más serio que podía pasar, es que algún padre o un vecino se quejara del ruido en el Ayuntamiento y el Alcalde mandara a Pepe Tango a ponernos una multa, que empezaba en 5 pesetas y después subió a 10.
Tengo que confesar que yo nunca pagué una multa. Como el alcalde era mi padre, a la vez que ordenaba al municipal, sacaba la cartera y pagaba la mía. Me lo contaba Pepe Tango, que como él  sabía quienes habían sido. El comentario de mi padre siempre era: Tenga usted la de mi hijo, que de todas formas sale del mismo bolsillo, y ya hablaré con él". Nunca me dijo nada porque también había sido joven y entendía a la juventud.
¿Que quiere usted que le cuente de ahora? Usted que me lee sabe mucho más que yo. Ahora son cinco días. Anoche aguanté hasta las dos de la mañana, cosa que no hacía desde que hace cinco años que me quedé sin Patricia. He dormido mis ocho horas con varias interrupciones amenizada por la música de los coches "locos" mezclada con la de la caseta, el ruido de las juventud, que no canta serenatas, pero no se acuesta, las discotecas ambulantes de los coches y otros ruidos algo más suave. Frente a mi ventana pude ver a una pareja de jóvenes bien enfrascados en otros menesteres, que no hace falta describir, Pero en mis tiempo eran impensable y ahora parece ser lo más normal. Si no me creen, vean el recuerdo que dejaron como prueba de lo bien que se lo pasarían, aunque la cama fuera algo dura.
EN AQUELLOS TIEMPOS NO LOS HABÍA DE COLORES

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