martes, 19 de julio de 2016

FEMINISMO V MACHISMO

Un artículo de Arturo Pérez Reverte, que ha compartido mi querida "hija adoptada por padres ingleses" Rocio Melgarejo en Facebook me ha despertado la memoria de una anécdota que viví hace ya bastantes años.
En los primeros años del Gobierno de Felipe González, el Ministro de Trabajo Joaquín Almunia y el Instituto Español de Emigración, organizaron un seminario sobre la educación, en lo países de acogida, de los hijos de emigrantes españoles en los países europeos. Ya funcionaban las Escuelas Complementarias de Lengua y Cultura Española, al menos en el Reino Unido, y no se trataba de derogar lo que ya se había hecho en el franquismo, sino todo lo contrario. Mejorarlo y extenderlo a los lugares donde no había suficientes posible alumnos para justificar un profesor y una escuela. Se celebró un fin de semana en el convento de los monjes benedictinos del Valle de los Caídos. (Nadie había pensado entonces en cerrar la Basílica). Vinimos varios padres (padres y madres, como se dice ahora) de las Asociaciones de emigrantes. Todo fué muy bien, tuvimos ocasión de conocer la situación en otros países Europeos e hicimos contacto con muchos españoles. A la clausura el domingo por la mañana, asistió el Ministro Almunia y tuve la ocasión de conocer a un Ministro de la democracia y socialista con el que se podía hablar.
Después del almuerzo de clausura, nos avisaron que ya estaban preparados los autobuses, que no llevarían a Barajas para que cada uno cogiera el avión a su destino. Y aquí viene lo bueno.
Por los largos pasillos con arcos que siempre encontramos en los conventos, alcancé a tres compañeras procedentes de Alemania, una de la cuales portaba dos maletas. que parecían pesadas. Nunca he comprendido el equipaje que una mujer necesita para pasar un fin de semana fuera de su casa. Como yo solo llevaba un maletín de mano, le ofrecí ayudarle con una de las maletas. Como la señora que cuenta Reverte, me miró con cara desabrida y me espetó que si yo era machista, porque ella era feminista y no necesitaba ayuda de ningún hombre. Seguí mi camino y llegué al autobús antes que la feminista. Y ahora viene lo mejor.
Me senté en un solo asiento cercano al conductor y cuando llegaron las tres marías, las dos primeras se sentaron en los dos asientos detrás de mio y la feminista me pidió que le dejara el mío para estar junto a su amigas. ¿Que cree usted que le contesté?. Pues ni mucho menos lo que usted está pensando, aunque se lo merecía. Pero me educaron, como a Reverte, a la mitad del siglo XIX. Simplemente le cedí el asiento con una sonrisa, quizás algo irónica y un: "Que tengas un buen viaje y recuerdes que un "machista", también puede ser educado". Y es que macho no es lo mismo que machista, aunque todavía no celebremos el "Día del orgullo macho".