jueves, 23 de octubre de 2014

PALABROTAS

Cuando yo era niño, hace mucho tiempo  no decíamos palabrotas. Se llamaban "pecaos", porque nuestros padres y nuestros maestros así nos lo decían y teníamos que confesarnos con Don Inocencío, de haber "dicho palabras malas" para que nos perdonara con la penitencia de rezar tres Avemarías.
Como en aquello años había respeto a los "mayores en edad, saber y gobierno" teníamos mucho cuidado de no decir pecaos delante de los mayores y menos, delante de nuestros padres (que incluía padre y madre) para no recibir una buena bofetada, que ahora se dice: "un par de ostias".
En casa de mis padres no se oían palabrotas, palabras malsonantes o pecaos. Cuando mi padre se enfadaba demasiado largaba un "puñeta", que a mi me sonaba como aquellos manguitos de tela negra que usaban los escribientes para no mancharse de tinta los puños de la camisa. Solo le oí largar un sonoro "coño", que me pareció muy justificado después de darse un fuerte martillazo en un dedo. Y con la disculpa de que yo ya era mayorcito y estábamos solos en la cochera.
Un maricón era lo que dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua, pero sonaba demasiado fuerte y se sustituía por sarasa, de la cáscara amarga, del otro bando, de la acera de enfrente, invertido, mariquita, afeminado, bujarrón, marica, homosexual y actualmente, gay. Una puta, era una mujer de vida alegre, de mala vida, una fulana, una meretriz, una cualquiera, zorra, buscona, ramera, perlandusca o prostituta.
Cuando llegué al Reino Unido tuve que aprender palabrotas, que en inglés se conocen como "swearing words" y enseguida me di cuenta de que son las mismas que en España. Es decir, relacionadas con órganos genitales, tanto femenino como masculino, y con el acto sexual para el que se una una fea palabra, que Patricia odiaba y que yo nunca usaba, de solo cuatro letras y que tenía todas las mismas aplicaciones que el equivalente verbo español de jo...
En pocos años la sociedad se hizo tan permisiva que el lenguaje barriobajero fue ganando terreno y apareciendo en los programas de televisión y en películas, sobre todo americanas. Claro que las personas educadas no las usaban más que para chistes o historias que las necesitaran. Pero en los mercados de frutas y verduras eran tan frecuentes, que se merecían el apelativo de "verduleros" igual que en España se han llamado los y las que usan ese tipo de lenguaje.  
Treinta y cuatro años más tarde, al volver a España, no encontré más diferencia, ya que  este tipo de lenguaje se había extendido a   todas las clases sociales. Sorprendido quedé la primera vez que oí en TV o vi en un periódico la palabra "coño". Para colmo, un día que fui a recogen a mi nieto, de ocho años entonces, al colegio, oí a una monitora la siguiente frase: "Coño, niño, ven aquí, me cago en la madre que te parió."
Si eso se oye en el colegio, en la calle y en casa, ¿qué podemos esperar de nuestra juventud?, En los países de habla  inglesa  ya han empezado a reaccionar. En Carolina del Sur una mujer de 22 años fue arrestada en un supermercado por recriminar a su marido delante de los niños, con un sonoro "estás aplastando el puto pan". La madre puede ser condenada hasta 30 días de cárcel.
Una encuesta en el Reino Unido dice que los niños escuchan una media de seis "tacos" a la semana de sus propios padres a los que hay que añadir los que se oyen a los hermanos mayores, a los amigos, en la escuela, la televisión e internet. Ya la directora de una escuela de Primaria en East Sussex, condado del sureste de Inglaterra ha dirigido una carta a los padres pidiéndoles moderación en el lenguaje delante de lo niños pequeños. 
¿Cuando empezaremos a tomar medidas en España?