jueves, 30 de julio de 2015

EL RECUADRO DE ANTONIO BURGOS

El "Recuadro"de mi admirado y desmemoriado Antonio Burgos (desmemoriado porque le invité hace pocos años a visitar la Destilería del Martes Santo y debe de haberse olvidado; ahora tiene ocasión de ver también el Museo)  publicado  ayer por ABC, sobre el coste  de las pitadas al Rey y al Himno de España, me ha recordado otra época ya lejana, de mi juventud.
Cuenta Burgos la anécdota de un tío que le pegó una bofetada a otro en una discusión tabernaria y cuando este le denunció y el Juez le condenó a una multa de 250 pesetas, el tío sacó de la cartera un billete de 500, por la bofetada dada y por la que le iba a dar por haberle denunciado.
Higuera era un pueblo tranquilo , pero donde la juventud se tomaba algunas libertades, cánticos, serenatas, algaradas, caza de camusinos, carreras de bicicletas y jugar al fútbol en las calles. El Alcalde casi permanente, mi padre, que fue el alcalde más democrático de España, (lo fue con la monarquía de Alfonso XII, con la dictadora de Primo de Rivera, con la República por un corto periodo y con Franco, hasta el año 1963 que falleció), nos ponía multas cada vez que algún vecino se quejaba de alguna trastada, especialmente a los Girones, Fales, Robledos y algunos más allegados, a los que nos mandaba al Municipal para cobrar las normales multas de 10 pesetas (hay que aclarar que en aquella época una copa de fino valía 75 céntimos). Las 10 pesetas de mi multa ya se las pagaba  él,  directamente al Municipal y me las descontaba de la paga semanal.
El Municipal se presentó un día en el despacho diciéndole que un vecino quería poner una denuncia a uno que le había roto un cristal de una ventana con una pelota y que el cristal y ponerlo valía 25 pesetas. El Alcalde dictó rápida sentencia. "Cobrele al culpable las 25 del cristal y otras 25 de multa". Tengo que reconocer que mi padre no era futbolista, sino torero. Nunca le vi en un campo de fútbol y muchas veces en las plazas de toros, como espectador o como torero aficionado hasta que se retiró, con más de cincuenta años, cortando la oreja de un novillo.
A lo que iba. El Municipal intentó quitarle importancia al asunto excusando al joven goleador de ventanas, hasta que el Alcalde le obligó a que le dijera el nombre del culpable. "Fue su hijo Marcos" respondió Pepe Garfia, a quien todos mis paisanos recuerdan, como el hombre del pluriempleo: municipal, barbero, repartidor de periódicos, representante de vinos, sochantre, sereno y algunas cosas más que se me olvidan. Este me contó la cara que puso el Alcalde, que sin mediar palabra sacó un billete de 50 pesetas, el cristal y la multa, y no dijo más que  "Ya me entenderé con mi hijo". Marcos se ganó la bronca del año y le costó varias semanas amortizar la deuda. Las mías, afortunadamente, eran más baratas aunque más frecuentes, porque las serenatas a las chicas de la pandilla no faltaban varias veces cada verano. Esto pasaba en los años 50 del siglo pasado y todavía quedamos algunos de los pagadores de multas. Ahora es diferente. Hay más ruido, más lios y más vandalismo, pero se pagan muchas menos multas.

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