domingo, 5 de octubre de 2014

LA LETRA "B"

Cuentan que un  lepero se quejaba de los errores en los partes meteorológicos de televisión, que cuando ponía la B de bueno llovía y con la A de agua hacía buen tiempo. Mi amigo Gracián dice lo mismo de esa moda de llamar dinero en B, contabilidad en B, cobros en B y ahora, Tarjetas en B. Debería ser en C de corrupción. Creo que tiene razón de sobra.
Con la noticia de los trincones de Caja Madrid, de esos 86 chorizos que se han llevado más de 15 millones de "eurillos"  a razón de más de 180,000 € por cabeza, aunque algunos hallan llegado a casi medio millón, me ha venido a la memoria una experiencia de las muchas que tuve en el Reino Unido.
En octubre de 1964 dos hechos que nunca olvidaré: Me casé el día 24, que entonces era el día de mi Santo, que sigo celebrando en la misma fecha aunque la Iglesia lo haya cambiado. Unos días antes el laborista Harold Wilson había sucedido al conservador Alec Douglas-Home como Primer Ministro. Nada que ver conmigo, pero si con lo que voy a contar.
Trabajaba yo entonces como director de un restaurante llamado The Waterside Inn, que como su nombre indica, estaba a la orilla del río Támesis a su paso por Bray en el condado de Berkshire. Siete años antes de que los hermanos Michel y Albert Roux lo compraran en 1972 para hacerlo más famoso, más caro y conseguir tres estrellas en la Guía Michelin.
El director de una importante compañía con sede en el polígono industrial de Slough, era un asiduo cliente que almorzaba casi diariamente con su secretario, algunas veces con invitados y otras cenaba con su mujer. Le gustaba sentarse siempre a la misma mesa, que había que cambiarla cuando eran más de dos los comensales. Comían muy bien y sin reparar en los precios de los platos, los vinos, los licores, o los puros habanos con el café. El secretario firmaba la cuenta, que incluía el servicio y siempre dejaba una buena propina.
Servir los puros habanos era tarea mía, que conservaba una buena selección en un armario climatizado. Los había de varios precios y tamaño, desde Cohiba o Churchil a Montecristo o Romeo y Julieta.
Llevaba las cajas de mayor a menor haciendo una pirámide que ponía sobre la mesa, para que el cliente escogiera el que más le gustara y proceder  después al ritual de sacarlo de la funda, retirar la vitola, cortarlo con un aparatito y encenderlo con un mechero de plata . Todo una ceremonia
Un día, en los primeros meses de 1965, al final de un almuerzo con seis invitados, me acerqué con los puros y el secretario me dijo con muchas discreción, que empezara a ofrecer los puros por los de arriba. Eran los más pequeños y los menos caros. 
Al día siguiente, solo los dos asiduos comensales, me confesaron confidencialmente que  el Gobierno laborista (lo que nosotros llamamos socialista) habían introducido una nueva norma por la que las comidas de empresas tendrían que pagar impuestos. Eso quería decir que  tendrían que economizar en ese tipo de gastos.
Posteriormente vinieron los mismos o parecidos impuestos en otros tipos de gastos empresariales, como coches, gasolina, seguros médicos, dietas y otros beneficios, que no solo afectaban a los altos cargos, sino a los empleados también.
El control de Hacienda era impecable y no hubiera pasado lo que pasa en nuestra España de  hoy, cincuenta años más tarde.Ya no se si realmente somos diferentes, estamos atrasados o somos expertos en engañar. Sea como sea y pese a quién pese, quedan muchas reformas que hacer. El Gobierno debe apretarse los machos antes que sea demasiado tarde. Las medidas impopulares deben adoptarse al principio de la legislatura. Si funcionan, se habrán aceptado antes del final de la legislatura. Si no funcionan, se pueden reformar, que el rectificar es de sabios. Hemos perdido demasiado tiempo con la Ley del aborto.

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